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Hace unos días sufrí un pequeño drama digital: mi disco duro dijo “basta!” y mi ordenador dejó de funcionar. Tras varios intentos fallidos de rearranque me di cuenta de la verdadera dimensión de lo que significa quedarte sin ordenador cuando todo tu trabajo se basa en ceros y unos: mis proyectos profesionales en curso interrumpidos, los borradores en los que estaba trabajando se quedaron en el limbo, mi lista de tareas (digital, por supuesto) desapareció por lo que no sabía ni lo que tenía que hacer en ese momento ni las citas que tenía en la semana y hasta dejó de sonar música en mi mesa.

Afortunadamente tenía una copia de seguridad, archivos almacenados en la nube y otro ordenador provisional para salir del paso. En un par de días recibí un nuevo disco duro y gracias al soporte de un buen amigo y compañero, la nueva puesta en marcha fue relativamente sencilla. Lo que pudo ser un auténtico drama se quedó simplemente en un susto y justifica todo el esfuerzo de mantener esas copias.

Tengo colegas que son auténticos obsesos de la seguridad. Yo no lo soy, pero si que creo conveniente tener al menos un par de copias de tu trabajo: una diaria en local y una segunda de menor periodicidad pero que esté almacenada en otro lugar físico distinto (en otra oficina, en tu casa, en casa de un familiar, etc). Parece que nunca pensamos en cosas como un incendio, una inundación o un robo, pero son cosas que pasan y cuando tenemos tanta dependencia de lo digital, quedarnos sin nuestro ordenador y sin nuestra copia de seguridad puede convertirse en un auténtico drama que te deje fuera de juego.

Lo dicho, en mi caso la rotura del disco duro me supuso un par de días de trabajo incómodo pero pude seguir adelante. Sirva este post para recordarte que hace tiempo que no actualizas tu backup! ¡Avisado quedas! :-)

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