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El pasado miércoles volví a Capital Radio para hablar de la vuelta al campo, la tendencia de dejar las grandes ciudades en favor de una vida en contacto con la naturaleza. Lo denominé “tribu tecnorural” porque ya escribí un post sobre ello hace tiempo, pero también podrían haber sido “agrogeeks”, “digital nomads” o cualquier otra acepción más propia de Instagram y del mundo del marketing.

En primer lugar, me gustaría aclarar que no se trata de un éxodo al campo para vivir de la ganadería o de la agricultura. Es habitual que en periódicos generalistas aparezcan noticias de personas que dejan atrás una licenciatura universitaria para volver a trabajar en el campo (por ejemplo, ver “La filósofa pastora”), pero no podemos hablar de tendencia. Los tecnorurales son profesionales que se van a vivir a un pueblo pero su empleo sigue dependiendo de una ciudad gracias al teletrabajo.

Las estadísticas en cuanto a teletrabajo son claras: hay una tendencia creciente desde 2005. Según datos de 2018, el ratio de profesionales que teletrabajan en España está entorno al 7,5%. La Comunidad de Madrid es líder con aproximadamente el 10%, por debajo de la media europea (12%). Hay que tener en cuenta que muchos de estos profesionales no hacen teletrabajo puro, sino que asisten esporádicamente (quizás una vez a la semana) a su centro de trabajo.

No todos los sectores son susceptibles de acogerse a éste tipo de fórmulas. Las profesiones más habituales son:

  • profesionales del ámbito digital: diseñadores, programadores, desarrolladores de apps, community managers, webmasters, managers de contenido, gestores de comercio electrónico
  • profesionales de las letras: periodistas, escritores, redactores, traductores
  • agentes y teleoperadores
  • profesores de formatos de e-learning
  • artistas y artesanos que comercializan sus productos por internet

Los profesionales de estos sectores pueden vivir en un entorno rural pero bien comunicado con la ciudad de la que dependen, gracias a una conexión a internet de calidad. En ningún caso hablamos de ciudades dormitorio en los alrededores de la gran capital, sino de auténticos núcleos rurales en cinturones a 50-80 km de distancia o de pueblos mucho más alejados pero bien comunicados por autopista, trenes de alta velocidad, etc, de tal forma que la asistencia a reuniones esporádicas sea asequible.

Me gusta especialmente el caso extremo de Automattic, la empresa que diseña y mantiene el gestor de contenidos WordPress. Todos sus empleados teletrabajan desde su país de origen, en ciudades o en pueblos en medio de la nada. En total, suman 60 nacionalidades. Gracias a estar distribuidos por el mundo, el cambio horario les permite dar un servicio 7×24 en múltiples idiomas a los usuarios. Para su día a día, utilizan todo tipo de herramientas de colaboración en la nube. Una vez al año, se juntan en algún lugar del mundo para conocerse y mantener esa parte de relación más humana que la tecnología no puede dar. ¿Es posible mantener una empresa líder distribuida por el mundo? Automattic ha demostrado que si.

Pero más allá del trabajo, la vida en el campo también tiene una vertiente personal que ha cambiado mucho en la última década. Hace 15 años, el ocio y nuestras relaciones sociales nos generaban una fuerte dependencia de la ciudad. En la actualidad tenemos muchas parcelas cubiertas:

  • No hace falta acudir a una tienda especializada para comprar un producto de nicho porque puedes comprarlo en Amazon o Aliexpress y recibirlo cómodamente en tu domicilio, esté dónde esté.
  • No se necesita acudir a una tienda de música, gracias al catálogo casi infinito de Spotify
  • No se necesita estar cerca de un videoclub de autor, porque tenemos Netflix, Prime o HBO
  • No dependemos de la ciudad para estar conectados a nuestros amigos, ya que con Facebook e Instagram mantenemos viva la relación
  • Podemos tener mayor relación con nuestras familias a través de videoconferencia desde el móvil.

La clave que cambia la percepción de la vida en un pueblo, es la combinación de tener un trabajo cualificado vía fórmulas de teletrabajo y una gran oferta de ocio a través de plataformas online.

Una vez que tenemos superadas las limitaciones profesionales y de ocio, la vida en el campo nos aporta algunas ventajas importantes:

  • Multiplica tu capacidad adquisitiva. Todo es más barato, desde la cesta de la compra al acceso a la vivienda
  • El entorno es mucho más favorable para los niños
  • Bajar el ritmo propio de las grandes ciudades: La ciudad representa el trabajo por cuenta ajena, la carrera laboral de largo plazo, el éxito profesional, la hipoteca y el fin de semana en el centro comercial. Valores cada vez menos buscados por las nuevas generaciones de profesionales.

Pero vivir en el campo también tiene algunas desventajas. Entre ellas:

  • la desconexión laboral por la distancia del teletrabajo y sus repercusiones de cara a futuros ascensos o promociones
  • limitaciones para el ocio presencial
  • dificultad para encontrar relaciones culturales y sociales en pueblos más tradicionales

Si eres un profesional perteneciente a los sectores susceptibles de acogerse a fórmulas de teletrabajo, ¿has pensado en trasladarte al campo? Quizás seas el próximo tecnorural.

Como siempre, el programa estará disponible durante unos días aquí (a partir del minuto 38).