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Dos ejemplos rápidos de cómo se puede apoyar a la venta (o todo lo contrario) que me han sucedido últimamente.

Tengo el capricho de comprarme una lámpara de mesa de diseño nórdico. Son caras y difíciles de encontrar, pero hace unos días pasé por una tienda de objetos de segunda mano donde tenían varias de los años 70. Valían 200 Euros. Le pregunté amablemente al señor si me podía hacer una rebaja y me dijo que estaban muy bien de precio y que si no le creía, fuera a otra tienda que había allí cerca, especializada en este tipo de muebles, donde seguro que me pedirían el doble. Así fue, me pasé por el sitio que me indicó y valían 390 Euros. Sin duda, este vendedor conocía el sector y sabía que si yo hacía la comprobación, sus lámparas me parecerían mucho más baratas. Un diez para nuestro vendedor eficiente!

Unos días antes, visité una tienda de informática con la intención de comprar una funda para mi iPad 3. Como acababa de salir, todas las que tenían eran para iPad 2 y pregunté al dependiente si alguna me podía valer. Se limitó a decirme “si no lo pone en la caja, no valen“. Podía haber hecho un mínimo esfuerzo por mi (su cliente), coger cualquiera de los iPad 3 que tenían de exposición y probar si alguna de las fundas quedaba bien, pero le pareció demasiada molestia. Siguió paseando por la tienda con cara de aburrimiento. Sin duda, suspenso para este vendedor poco comprometido.

Qué diferencia de uno a otro, ¿no?

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