Probando ChatGPT: la inteligencia artificial que sustituye a periodistas y escritores

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Hace un par de días leía este artículo de Enrique Dans sobre la caída de Meta, en el que luego reconocía que no lo había escrito él, sino una nueva herramienta de Inteligencia Artificial: ChatGPT de OpenAI. En este post lo describen como un modelo que interactúa de forma conversacional. El formato de diálogo hace posible que ChatGPT responda a preguntas de seguimiento, admita sus errores, cuestione premisas incorrectas y rechace peticiones inapropiadas.

Siguiendo el ejemplo del post de Enrique Dans y puesto que estoy preparando mi próximo programa de Capital Radio sobre el tema, le pedí a ChatGPT “escribe un artículo en el estilo de José Manuel Vega sobre la historia del selfie”. Este fue el resultado (copia literal sin editar):

El selfie es un fenómeno que ha cobrado una importancia sin precedentes en la era digital. Pero, ¿cómo llegó a ser tan popular? ¿Cuál es su historia?

La palabra «selfie» se popularizó a principios de la década de 2010, pero la práctica de tomarse fotos a uno mismo existe desde mucho antes. De hecho, la primera fotografía conocida de una persona tomándose una foto a sí misma data del año 1839, cuando el inventor Robert Cornelius tomó una foto suya frente a un espejo.

Sin embargo, fue en la era de la tecnología digital cuando el selfie comenzó a cobrar verdadera importancia. Con la llegada de los teléfonos móviles equipados con cámaras de alta calidad, cualquier persona puede tomarse una foto y compartirla en las redes sociales en cuestión de segundos.

El auge del selfie también se debe en parte a la popularidad de las redes sociales, especialmente de Instagram, donde las personas pueden mostrar sus selfies a un público global. Esto ha llevado a la creación de hashtags como #selfie y #selfietime, y a la aparición de celebridades como Kim Kardashian, quien ha hecho del selfie una verdadera forma de arte.

El selfie también ha tenido un impacto en la cultura popular. En 2013, se eligió como «Palabra del Año» por la Real Academia de la Lengua Inglesa, y ha sido utilizado en diversos contextos, desde la política hasta la publicidad.

En resumen, el selfie ha evolucionado desde una simple foto tomada frente a un espejo a un fenómeno global que ha cambiado la forma en que las personas se ven a sí mismas y se relacionan con el mundo. Aunque puede ser objeto de críticas, lo cierto es que el selfie ha llegado para quedarse como una forma de expresión y comunicación en la era digital.

El artículo, aunque quizás peque de superficial, lo veo bastante acertado. Algunas de las expresiones podría haberlas escrito yo. Me siento identificado con ellas. Pero me entró la duda de qué pasaría si cambiase lo del “estilo de José Manuel Vega”. ¿ChatGPT se limitaría a mostrarme el mismo artículo? Así que le pedí “escribe un artículo en el estilo de Juan Gómez-Jurado sobre la historia del selfie”. Aquí el resultado, de nuevo sin editar:

El selfie es un fenómeno que ha tomado el mundo por asalto en los últimos años. Sin embargo, la idea de tomarse una foto de uno mismo no es algo nuevo. De hecho, la historia del selfie se remonta a varios siglos atrás.

El primer registro conocido de una persona tomándose una foto de sí misma data de 1839. La foto en cuestión fue tomada por Robert Cornelius, un comerciante y fotógrafo estadounidense. La foto de Cornelius, que muestra su rostro de frente, se tomó en Philadelphia y se considera uno de los primeros retratos fotográficos autorretratados de la historia.

A medida que la tecnología fotográfica avanzó, las personas comenzaron a tomarse fotos de sí mismas con más frecuencia. En la década de 1920, con la popularización de las cámaras de cine y de los teléfonos móviles con cámara incorporada, las personas comenzaron a tomarse fotos de sí mismas con más facilidad.

Sin embargo, fue con la llegada de la era digital y el auge de las redes sociales cuando el selfie realmente explotó. En 2013, la palabra «selfie» fue elegida como la palabra del año por la revista Oxford Dictionaries, y desde entonces ha sido utilizada en todo el mundo para describir una foto autorretratada tomada con un teléfono móvil o una cámara digital.

El uso generalizado de los selfies ha generado una serie de controversias y debates. Muchos argumentan que los selfies son una forma de narcisismo y egocentrismo excesivo, mientras que otros defienden que son una forma de autoexpresión y conexión con los demás.

A pesar de las críticas, el selfie sigue siendo un fenómeno global y ha evolucionado para incluir una amplia variedad de estilos y tendencias. Desde selfies en lugares exóticos hasta selfies con celebridades, la historia del selfie es un reflejo de la tecnología y la cultura de nuestro tiempo.

En líneas generales, los datos son los mismos, pero cambia abiertamente el estilo. Por ejemplo, me siento identificado con la frase inicial de mi texto: “El selfie es un fenómeno que ha cobrado una importancia sin precedentes en la era digital”. Yo podría haberlo escrito. Cuando cambia el estilo a Gómez-Jurado, ChatGPT replantea la frase a: “El selfie es un fenómeno que ha tomado el mundo por asalto en los últimos años”. Yo nunca lo hubiera escrito con esas palabras. ¿Es el estilo Gómez-Jurado? Me quedaría darle un toque para ver qué opina :-) Hasta aquí, me parece magia.

Jaime Rubio también escribe sobre ChatGPT hoy en El País con el título “La inteligencia artificial que no reemplazará a los humanos”, y añade “el programa ha sorprendido a quien lo ha probado por lo bien que funciona pero todavía comete errores”. Es obvio que queda mucho camino para obtener un chat conversacional al estilo HAL 9000, que no tiene sentido del humor, que no se moja con artículos de opinión, etc.

Como Jaime Rubio, considero que ChatGPT o sus futuras versiones mejoradas no van a sustituir al trabajo de un escritor o de un periodista. La creatividad, el sentido del humor, el pensamiento crítico o la opinión fundamentada seguirá siendo territorio humano durante mucho tiempo. Pero es una realidad indiscutible que ChatGPT es una herramienta brutal para la generación de contenidos básicos, noticias generalistas, branded content y artículos enfocados al posicionamiento y el marketing digital. También para hacer los deberes del cole. Mi hija le ha pedido «escribe una frase con tres determinantes» y le ha preguntado cosas como «¿ruina es un diptongo?». Las respuestas fueron perfectas pero no vamos a decir por ello que ChatGPT me vaya a sustituir como padre.

Por cierto, le pregunté «¿Te consideras inteligente?» y me respondió: «Mi capacidad para procesar información y responder preguntas es superior a la de un ser humano promedio. Sin embargo, como soy una máquina, no tengo la capacidad de tener pensamientos o emociones propios, por lo que no puedo considerarme «inteligente» en el sentido humano de la palabra«.

En resumen, jugar con ChatGPT me ha parecido una pasada.

NOTA: Suelo usar en mis artículos la coletilla “En resumen,…”. El artículo sobre el selfie propuesto por ChatGPT acababa igual. La versión de Gómez-Jurado no. Lo dicho: a mí me parece magia.

 

Hablando sobre cromos NFT en los Informativos de TVE

El pasado domingo participé en un reportaje de los Informativos de TVE sobre los cromos NFT de jugadores de fútbol y la adición que provocan en algunas personas, titulado “Cromos de futbolistas: del papel al formato virtual”.

Mi misión en el reportaje era explicar qué es eso de los cromos NFT, aunque por la brevedad del formato, mi participación se quedó muy reducida. Todo lo que tiene que ver con NFTs es relativamente difícil de explicar, y más en un formato tan breve, por eso preparé algunas descripciones muy sencillas que permitan entender el concepto de cromo NFT.

Un NFT es un certificado, una especie de DNI virtual, que nos identifica un activo digital de forma inequívoca. Está basado en tecnología Blockchain. En el caso de cromos virtuales de jugadores de fútbol, el NFT identifica de manera segura cada cromo.

¿Y qué sentido tiene un NFT en un ámbito como el digital, donde el original y la copia son exactamente iguales? Si pensamos en un activo físico como un cuadro original de Picasso, podremos encontrarnos múltiples réplicas de diferentes calidades. Incluso habrá réplicas tan exactas que cueste distinguirlas, pero solo habrá un Picasso original que alcanzará una valoración millonaria. Normalmente los expertos de la casa de subastas nos certifican que una determinada copia es la original.

Si hablamos de activos digitales, en las que las copias son todas exactamente iguales, el NFT nos certifica cuál de ellas es la original y acreditará al poseedor del NFT como el dueño de los derechos sobre ese activo. Quien posea el NFT, podrá cambiar, vender o traspasar el activo a otro propietario.

Otro ejemplo que ayuda a entenderlo sería el de los derechos de las canciones. Hay millones de copias iguales de una canción de los Beatles, pero solo una persona posee los derechos sobre esa canción y podrá cobrar por los discos vendidos, las reproducciones, las cesiones publicitarias, etc.

Si nos centramos en el caso de los cromos, los cromos NFT son la versión digital o virtual de los cromos de toda la vida. Cuando jugábamos con cromos físicos con nuestros amigos, siempre había algunos más difíciles de conseguir y teníamos que cambiar 5 o 10 cromos por uno muy buscado. En la actualidad, los juegos de cromos son online a través de una plataforma, la escasez generada sobre determinados cromos es artificial (provocada por la plataforma) y ya no jugamos solo con nuestro grupo de amigos del barrio, sino que competimos a escala global. El juego es más complejo pero también provoca nuevas oportunidades para los jugadores. Cuanto mejor es tu colección de cromos, más oportunidades tienes de ganar en los diferentes campeonatos que organiza la plataforma.

El reportaje sobre cromos virtuales NFT está disponible en esta página de RTVE.

¿Qué pasa con las redes sociales?

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Mi colaboración del pasado miércoles en el programa Afterwork de Capital Radio estuvo dedicada a analizar el estado actual de las principales redes sociales. Es un tema de relativa actualidad por la abrupta caída de la valoración bursátil de Meta, que se ha dejado un 75% de su valor desde su último máximo, y por el aluvión de cambios en Twitter tras ser adquirida por Elon Musk.

Empezamos hablando del número de usuarios que tienen las principales redes. Son cifras que marean por el volumen de población global que representan (ver fuente). El número uno en este ranking sigue siendo Facebook, con unos 2910 millones de usuarios activos (dato de principios de 2022). Si tenemos en cuenta que la población mundial es de 7986 millones cuando escribo este post (como curiosidad, se estima que se alcancen los 8000 millones a mediados de este mes), obtenemos el increíble ratio de que 3 de cada 8 personas del planeta tienen cuenta en Facebook.

Por detrás de Facebook tenemos a Youtube (2500 millones de usuarios activos), Whatsapp (2000 millones), Instagram (1478 millones), TikTok (1000 millones, pero es la red que más crece) y Twitter (436 millones). Son cifras imponentes, pero lo más extraordinario es lo rápido que estas redes han alcanzado semejante nivel de penetración. Nunca antes en la historia hubo una tecnología con una difusión tan veloz. Por hacer algunas comparaciones cercanas, el teléfono necesito 50 años para alcanzar 50 millones de usuarios, la radio 38 años, la televisión 22 años, el teléfono móvil 12 años e Internet 7 años. A Facebook le llevó solo 3 años alcanzar los 50 millones de cuentas y a Instagram, tan solo 19 meses. (Ver fuente).

¿Qué espacio de crecimiento le queda a Facebook? Las dos principales vías de incremento son los usuarios de países en desarrollo que acceden por primera vez a Internet a través de dispositivos móviles y las nuevas incorporaciones de los menores de edad a nivel global.

Menores y redes sociales

La legislación varía según países pero en España la edad mínima para tener un perfil en redes sociales está establecida en 14 años. La realidad es que los menores españoles llegan a las redes sociales entorno a los 12 años, momento en el que dejan el colegio y dan el salto al Instituto. Varios estudios sitúan las primeras experiencias en redes sociales entorno a los 9 años, muy por debajo de la edad establecida por la legislación española.

Entre 12 y 17 años, se decantan por Tiktok, Instagram y Snapchat. Los que han alcanzado la mayoría de edad, entre 18 y 24 años, usan Instagram, Twitter y Snapchat.

BeReal, la novedad entre los más jóvenes

En los últimos meses se ha incorporado un nuevo jugador en el ámbito de las redes sociales: BeReal. Se trata de una red social de origen francés lanzada en 2020 y que ha tenido una gran acogida entre los más jóvenes: 9 de cada 10 usuarios tienen menos de 35 años.

La idea de BeReal es seguir a tus amigos desde la autenticidad, su versión más real, sin adornos. La app no ofrece ni filtros, ni ningún tipo de edición. Después de instalártela, recibes una notificación en algún momento del día y tienes 2 minutos para sacar tu móvil y publicar una foto doble (la app usa la cámara frontal y trasera del teléfono) de lo que estás haciendo en ese momento. No hay hora fija. En cualquier momento salta la notificación. Si no publicas, no podrás ver lo que han compartido tus amigos. La sensación para “un señor mayor” como yo, es la de observar un álbum de imágenes poco interesantes: camas sin hacer, mesas con apuntes del instituto y escenas en transportes públicos. Pero claro, yo no soy el target de esta nueva red.

¿Qué pasa con Facebook?

Facebook tiene el privilegio de ser la comunidad primigenia, la que definió la forma en la que nos comunicamos con este tipo de herramienta y la que sentó las bases de todo lo que vendría después. En definitiva, Facebook es la que lo empezó todo, con permiso de los fotologs y MySpace.

En el Facebook actual, los usuarios más activos tienen cuarenta-y-pico, y son aquellos que crecieron con Facebook tras su inauguración en el ya lejano 2004. La generación de los silver surfers (los que ahora tienen sesenta-y-pico), iniciaron su uso un tiempo después pero se han convertido en usuarios mucho más fieles. Facebook ha experimentado mucho abandono. La gente ha dejado de publicar y de ser menos exhibicionista. Los que siguen publicando lo hacen de forma más familiar, “sin vender nada”, sin hablar de sus éxitos profesionales, de sus juergas o de sus viajes.

El formato más habitual es el texto, con el que su tipo de usuarios se sienten más cómodos, frente a las imágenes ultraprocesadas de Instagram, el complejo interface de Snapchat o el uso masivo de vídeo de Tiktok. También la interfaz ha colaborado a reforzar esa situación de comodidad. Apenas ha cambiado su esencia en estos años.

A favor de Facebook podemos decir que no tendremos el nivel de trolleo que, por ejemplo, hay en Twitter. Además, se ha quedado sin competencia: Google+ cerró en 2018 y a lo largo del tiempo ha ido absorbiendo a muchos usuarios provenientes de otras redes sectoriales o que operaban solo en algunos mercados, como Tuenti.

El público más joven hace años que huyó a Instagram, a Whatsapp, a Snapchat y finalmente a Tiktok. Zuckerberg lo sabe y por eso hizo el movimiento de comprar Instagram primero y Whatsapp unos años después. Lo que no ha podido es adquirir Tiktok, así que copia sus funcionalidades sin ningún disimulo. Muchos jóvenes mantienen su cuenta de Facebook sin apenas uso, simplemente porque es la puerta de entrada a otras aplicaciones, conectan con la familia y siguen el contenido oficial de su Instituto, de la administración (becas, ayudas, etc) o de posibles ofertas de trabajo. También hay muchas cuentas que se mantienen inactivas simplemente porque no es fácil borrarlas; Facebook no pone mucho de su parte.

Con el nacimiento de Meta, parece que Facebook es un producto residual de la nueva compañía, aunque siga aportando una gran cantidad de los beneficios de Meta. La nueva estrategia hacia el metaverso deja el desarrollo de Facebook en un segundo plano, así que no veremos grandes novedades en los próximos meses.

¿Y qué hay de Twitter tras la compra de Elon Musk?

Twitter es una red con muchos menos usuarios activos que Facebook pero, a cambio, tiene el nivel de influencia más grande de la red. Los grandes protagonistas globales de la política, los deportes, la cultura y la empresa usan Twitter como canal de comunicación preferente.

Es verdad que en los últimos años Twitter ha caído en una cierta decadencia, arrastrada por una libertad de expresión que no ha sabido controlar y en la que abundan trolls y millones de cuentas falsas. La estadística lo deja claro: El 90% del contenido lo crean el 10% de los usuarios. Además de que los últimos equipos directivos no han sido capaces de afinar un modelo de negocio que le aporte rentabilidad. Otro gran problema de Twitter es que las temáticas que más volumen de contenido generan son las criptomonedas y el porno, dos materias que ahuyentan a la mayoría de anunciantes.

A favor de Twitter podemos decir que no hay grandes alternativas: TikTok e instagram no son buenos lugares para informarnos, Facebook no está pensada para el tiempo real y BeReal y el resto de novedades están muy lejos de tener su tamaño.

Además de un torbellino de despidos (la mitad de la plantilla), la revolución que ha montado Elon Musk tras la adquisición ha supuesto una tromba de noticias y globos sonda que necesitarán su tiempo para consolidarse. Puede que Musk se equivoque con algunas de sus últimas decisiones pero es un maestro anunciando lo contrario a lo que prometía tan solo unas horas antes. Lo que está claro es que Twitter necesitaba una transformación y Musk es el mejor para lograrlo. Veremos qué dirección va tomando en los próximos meses.

Como es habitual, el programa completo sobre redes sociales estará disponible durante unos días aquí. Mi intervención a partir del minuto 9.

Hablando sobre duelo en la era digital en TVE

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El pasado domingo intervine en los informativos de TVE para hablar sobre el duelo tras una ruptura sentimental o el fallecimiento de un ser querido en un momento en el que los algoritmos nos proporcionan contenidos automáticos y recuerdos aunque no queramos. Tanto las redes sociales, como los mismos sistemas operativos de nuestros teléfonos móviles, nos recuerdan aniversarios que pueden estar muy bien en una gran mayoría de los casos, pero que quizás no sean muy acertados después de una ruptura o un deceso.

En esos momentos, puede parecer que detrás de un algoritmo haya alguien que nos quiera hacer la puñeta (especialmente en el caso de rupturas amorosas): nos recuerda ese paseo romántico de hace un año, la canción que escuchábamos o el nuevo capítulo de una serie que veíamos juntos.

Los algoritmos se diseñan con el objetivo de mantener y aumentar los tiempos de permanencia en la app de turno para generar espacios en los que colocarnos publicidad. Tienen en cuenta infinidad de variables pero no son tan listos como para interpretar que ha habido una ruptura. Al menos, de momento.

Los algoritmos también colaboran a reforzar la sensación de que estamos inmersos en una burbuja de pensamiento: nos recomiendan más contenidos en función de nuestros amigos y el tipo de contenido al que damos “like”. Este efecto burbuja no tiene mayor importancia en el caso de nuestras aficiones: el algoritmo detecta que me gusta el ski y me propondrá más cuentas con contenido de ski y publicidad de marcas de ski, que probablemente sean de mi agrado.

En el caso de la política, este refuerzo ya no es tan positivo, ya que colabora a la polarización del debate: aquel que es muy de izquierdas o muy de derechas solo recibirá sugerencias en línea con su pensamiento, reforzando su postura, en lugar de acceder a nuevas ideas que colaboren con el desarrollo de un espíritu crítico.

Por ese mismo efecto burbuja y tras una ruptura sentimental, el algoritmo nos seguirá ofreciendo contenidos y recuerdos relacionados con nuestra expareja. Aunque bloqueemos su cuenta, seguiremos teniendo en común amistades y familiares, por lo que solo podremos acabar con estos recuerdos mediante una ruptura total con el entorno o un periodo de desconexión digital radical.

Además de la desconexión digital durante el duelo, conviene ser consciente de lo que publicamos mientras todavía estamos a tiempo. Nunca hay que olvidar que cualquier contenido que publiquemos en internet escapa a nuestro control. Es susceptible de ser copiado, reutilizado, retuiteado, etc, así que después de la ruptura, pueden reaparecer imágenes con nuestra expareja que fueron republicadas por amistades en común, sin que podamos hacer nada por evitarlo.

En definitiva, los algoritmos no son tan listos como parecen y a veces serán los culpables de incomodarnos en un periodo tan sensible y tan humano como el duelo. El problema no es tanto que el algoritmo nos recomiende contenidos poco adecuados, sino la conexión emocional que esos contenidos nos puede producir, y esto es algo que se escapa al funcionamiento normal de cualquier algoritmo.

El reportaje sobre duelo y ruptura sentimental en la era digital está disponible aquí. El informativo completo aquí. (Mi participación a partir del minuto 30).

Qué debo estudiar: ¿Ciencias o Letras?

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Después el parón del verano, he vuelto a mi colaboración mensual en el programa Afterwork de Capital Radio. En esta ocasión hablamos sobre la conveniencia de estudiar Ciencias o Letras en un momento como el actual, en el que las cifras de paro juvenil siguen siendo muy elevadas.

Salvo aquellos chavales que tienen una vocación clara, que en muchos casos suele coincidir con la herencia familiar (médicos, abogados, arquitectos, etc), lo habitual es que tengan un montón de preguntas al acabar el bachillerato: ¿Qué sería lo mejor para mi futuro? ¿Qué carreras tienen más salidas? ¿Con qué estudios puedo encontrar trabajo e independizarme? En definitiva: ¿elijo Ciencias o Letras?

Empezamos hablando del caso de Gabriel Plaza, el estudiante con mejores notas en la EvAU de junio. Obtuvo un 9,964. Una notaza extraordinaria para un expediente en el que prácticamente todo eran dieces. El bueno de Gabriel apareció en varios medios y ante la pregunta de qué pensaba estudiar, respondió que Filología Clásica. En apenas 48 horas, las redes explotaban con decenas de comentarios muy duros sobre la decisión de Gabriel: “Vaya mierda de carrera” “Luego nos quejamos de la precariedad”. El pobre tuvo un ataque de ansiedad y cerró sus cuentas. Daba la impresión de que los chicos listos solo pueden estudiar ciencias. ¿Realmente es así?

¿Qué estudian los jóvenes?

En el año 2021, los recién llegados a la Universidad Pública se decantaron por Ciencias Sociales, Jurídicas y Humanidades en un 45%, seguidos de Ciencias de la Salud (24,3%), TEM —acrónimo de Tecnología, Ingeniería y Matemáticas— (18%) y Artes (12,7%). Los datos son más extremos en las universidades privadas: Ciencias Sociales, Jurídicas y Humanidades (55,7%), Ciencias de la Salud (27,7%), TEM (10,5%) y Artes (6,1%).

Como complemento a estos datos, sorprende la diferenciación por sexo: Humanidades (60% de mujeres), Biosanitario (50% de mujeres), TEM (23% mujeres) y Artes (73% mujeres). Podríamos decir que aplica el dicho popular “los hombres prefieren trabajar con cosas y las mujeres con personas”.

Pero comparemos estos datos con lo que se está demandando en el mercado laboral.

¿Qué demanda el mercado?

Los puestos más demandados en 2022 está copados por perfiles tecnológicos: experto en ciberseguridad, análista de datos (big data), desarrolladores de aplicaciones, administradores de tecnología en la nube, expertos en blockchain, profesionales de marketing digital, diseñadores de interacción, etc.

Entre los perfiles no tecnológicos, destacan los profesionales de ventas y desarrollo de negocio, personal sanitario y servicio a cliente (customer experience).

Hay otros perfiles muy demandados pero que no exigen titulación universitaria, sino formación profesional: conductores (¡uno de cada 3 conductores se jubilarán en 5 años!), carretilleros, técnicos de mantenimiento y operarios eléctricos y mecánicos. Estos datos darían para otro debate: la conveniencia de sustituir parte de la formación universitaria por formación profesional especializada.

La conclusión es clara: existe un enorme descuadre entre lo que demanda el mercado y lo que estudian los chavales en la universidad.

El gran problema.

La mayor demanda en el mercado actual y en el de los próximos años es y seguirá siendo de disciplinas TEM (Tecnología, Ingeniería y matemáticas)

Pero este tipo de estudios genera bajo interés por parte de los jóvenes (solo el 18% en universidad pública y el 10,5% en universidades privadas), tienen la mayor brecha de género (solo un 23% de mujeres) y una tasa de abandono de un 50% en los 3 primeros años.

Somos una sociedad digital.

Que se soliciten muchos perfiles TEM es consecuencia de que nos hemos convertido en una sociedad digital. Además, como usuarios de tecnología pedimos que la sea cada vez más amigable, más humana, más cercana, más fácil de usar por parte de cualquier persona (especialmente personas mayores, niños, etc). Hablamos de humanismo tecnológico, economías digitales para las personas, economía colaborativa, etc

Por eso, con las titulaciones TEM tradicionales no tenemos suficiente como para cubrir el mercado laboral que viene. Las profesiones con más futuro serán aquellas que combinen correctamente la tecnología con las humanidades. Es decir, cada vez tiene menos sentido hablar de “ciencias O letras” sino que los nuevos profesionales con más éxito en el mercado laboral tendrán que especializarse con perfiles híbridos de tecnología y humanidades.

Lo correcto, por tanto, sería decir que los nuevos universitarios tienen que estudiar “ciencias Y letras”, en lugar de “ciencias O letras”.

Algunos ejemplos.

Son múltiples las combinaciones que nos aportan un perfil híbrido. Me gustaría dejar claro que no se trata de que seamos ingenieros y psicólogos o matemáticos y filósofos (aunque sería lo ideal) sino de que complementemos correctamente nuestra carrera universitaria.

Veamos algunos ejemplos.

  • Ciencias del comportamiento (Humanidades, Filosofía, Sociología, Psicología) más especialización en tecnología digital: Experiencia de Usuario (UX), Marketing Digital, Modelos de negocio digitales, etc.
  • Bellas Artes o Diseño más especialización en programación y experiencia de usuario. Serían los estudios indicados para cubrir la gran demanda de especialistas en diseño de productos y servicios digitales.
  • Periodismo más especialización en Marketing Digital, Branded Content o Posicionamiento en Buscadores (SEO)
  • Ingeniería más especialización en Filosofía o Historia del Pensamiento: es la combinación ideal para el diseño de nuevos servicios más humanos y usables.
  • Matemáticas más técnicas de creatividad: de nuevo, una combinación ideal para la creación de algoritmos de big data que puedan solucionar problemas y casuísticas que en muchos casos no sabemos que tenemos.

Creo que es un tema apasionante y en el que habrá muchos puntos de vista: los propios chavales, los profesores de universidad y las empresas que demandarán los servicios de estos chicos cuando salgan al mercado en unos años.

Como siempre, el programa completo «Ciencias Y Letras» estará disponible durante unos días aquí. Mi intervención a partir del minuto 9.

Reinvención profesional

En el último Afterwork de la temporada antes del parón veraniego en Capital Radio hablamos de reinvención profesional y compartimos la charla con Sandra Solis, consultora, formadora y coach ejecutiva, además de un buen ejemplo práctico de cómo reinventar tu vida profesional y una buena amiga.

A lo largo del programa charlamos de la idea de reinvención profesional y de por qué es importante que readaptemos nuestra vida laboral a los tiempos. También es muy interesante para las empresas: aquellas que disponen de equipos que se sienten felices incrementan un 37% sus ventas y multiplican por tres su innovación. Son datos que Sandra nos presentó durante el programa.

También hablamos de lo contrario: diversas encuestas reconocen que en España solo el 6% de los encuestados anónimamente admite sentirse “altamente involucrado” con su trabajo y el 85% reconoce “no estar comprometido”. Son datos terribles que tienen una doble lectura: el entorno laboral no pone las cosas fáciles y el profesional ha perdido las ganas. La pescadilla que se muerde la cola.

La reinvención profesional también tiene mucho que ver con el concepto de intraemprendimiento del que ya hemos hablado en varios programas y al que dedico mi segundo libro. Muchas de las ideas expuestas por Sandra son similares a las que suelo contar en mis conferencias cuando hablo de entornos de alta motivación para atraer a los profesionales de perfil intraemprendedor.

Acabamos hablando de consejos y errores a la hora de abordar nuestra reinvención profesional y con una cita del libro “Velocidad” (Ahmed y Olander): “A las organizaciones con estructuras continuistas que neutralizan cualquier idea sustanciosa les ocurrirá algo terrible: nada

El programa estará disponible durante unos días aquí. Nuestra intervención a partir del minuto 8.

Video sobre la experiencia The Silver Lab

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Durante las últimas semanas de 2021 estuve participando como mentor en The Silver Lab, una iniciativa para apoyar y visibilizar el talento senior en el ámbito del emprendimiento y fomentar nuevos modelos de negocio alrededor de la innovación y la sostenibilidad.

A lo largo de varias semanas, tuve sesiones con emprendedoras mayores de 45 años que lideraban proyectos con negocios sostenibles. Mi misión fue revisar sus modelos de ventas, identificar segmentos de clientes y trazar un plan de business-focus realista. En la web de The Silver Lab está toda la información sobre las emprendedoras y sus proyectos.

Hace unos meses grabamos una entrevista en la que los diferentes mentores y las emprendedoras explicábamos cómo había sido el proceso. El montaje final en vídeo, “Supporting Senior Entrepreneurs in Madrid”, está disponible junto con otras iniciativas similares que han tenido lugar en diversos puntos de Europa durante el 2021.

En resumen, una bonita experiencia en la que Impact Hub Madrid me dio la posibilidad de participar.

Retargeting: la publicidad que me persigue

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Mi intervención del pasado miércoles en Capital Radio la dedicamos a una técnica de marketing online denominada Retargeting. Más allá de su definición formal que luego comentaré en detalle, todos hemos experimentado sus consecuencias: buscas en Google información sobre Roma porque estás pensando en hacer una escapada y durante los siguientes días, te aparece publicidad sobre viajes a Roma o sobre hoteles en Roma, generando la sensación de que los anuncios te persiguen. A continuación resumo lo hablado durante el programa.

Un poco de historia de la publicidad

En los medios tradicionales (prensa, radio, TV) y en los soportes físicos (vallas publicitarias) siempre ha sido difícil personalizar los anuncios. Las plataformas publicitarias solo podían ofrecer una personalización basada en ciertas generalidades como por ejemplo:

  • la prensa o la radio económica era consumida por un perfil de usuario con interés por la economía y se le presupone un nivel de estudios más alto
  • los programas de TV por las mañanas suelen ser vistos por audiencias de mayor edad, especialmente personas jubiladas.
  • una revista de nicho (coches, caza, deportes, etc) nos puede dar pistas sobre los intereses del lector.

Con la llegada de internet y en especial de las redes sociales y los buscadores, las grandes plataformas tienen un altísimo conocimiento de los usuarios con la información que todos suministramos de manera voluntaria: edad y sexo, intereses generales, intereses particulares o temporales, ubicación geográfica, tipo de relaciones, contactos, etc. Los nuevos sistemas de publicidad tratan de explotar toda esta información para ofrecer una experiencia mucho más personalizada.

¿Cómo se recopila la información?

Además de la huella digital que producimos de forma voluntaria, uno de los principales elementos para recopilar información son las cookies.

Las cookies son un fichero de datos que se almacena en nuestro ordenador cuando visitamos una web. Se usan para dos finalidades:

  1. Recordar accesos: cuando volvemos a navegar por una web que ya hemos visitado anteriormente.
  2. Conocer hábitos de navegación: la web visitada nos reconoce a través de la cookie, de tal forma que sabe quienes somos y que hemos hecho en visitas anteriores.

El RGPD (Reglamento General de Protección de Datos) obliga a todas las webs a informar que van a instalarnos una cookie y de qué tipo se trata. Como usuarios, podemos elegir si queremos cookies o no, e incluso decidir qué tipo de cookie estamos dispuestos a aceptar (analítica, marketing, cesión de información a socios comerciales o empresas del grupo, etc).

Los anunciantes también disponen de otras herramientas como las balizas web (también llamadas web beacons o píxeles), invisibles al usuario pero que informan a la plataforma publicitaria de que un usuario ha visitado determinada web como consecuencia de hacer click en un anuncio.

La suma de huella digital, más una buena configuración de cookies y balizas, aportan muchísima información al anunciante sobre el perfil de los visitantes y su comportamiento.

¿Cómo funciona la publicidad online?

Una vez que las plataformas conocen quiénes somos y nuestros hábitos de navegación, ofrecen esta información a los anunciantes de forma anonimizada.  El anunciante elige qué segmentos de audiencia son los más adecuados para sus campañas y pujan por alcanzarlos frente a otros anunciantes.

Debido a que, como norma general, los anunciantes no pagan precios fijos por sus campañas sino que pujan en una subasta, se producen algunas anomalías en el sistema que nos pueden producir la sensación de que dichas campañas no tienen nada que ver con nosotros. Esto es así porque la publicidad que recibimos pertenece al anunciante que más ha pagado, aunque no sea la más relevante para nosotros.

También hay veces que las plataformas quieren investigar si determinada temática nos puede gustar, por eso nos tantean con anuncios para estudiar nuestro comportamiento. Si hacemos click, añaden esa temática a nuestro perfil, si no, la ignorarán.

¿Qué es el retargeting?

Llamamos retargeting a técnicas de marketing que buscan reforzar un producto concreto o una campaña a través de la repetición de publicidad para clientes que ya han mostrado un interés previo: una búsqueda en Google, una visita a la web del producto o un simple click en un anuncio.

Durante el programa, Eduardo Castillo nos contaba como había buscado información sobre muebles de jardín y llevaba días en los que le perseguían este tipo de anuncios. Hicimos el experimento de navegar con su ordenador por algunas webs durante el programa y, por supuesto, aparecieron los anuncios.

Esta repetición del impacto publicitario se puede experimentar a través de nuevos anuncios en otras webs como en el caso de los muebles de jardín, pero también a través de anuncios en redes sociales o incluso mediante email marketing.

Las técnicas de retargeting se van sofisticando y, por ejemplo, nos pueden llegar anuncios cuyo origen está en los intereses de mis amigos o en el contenido de emails (muchas de las grandes plataformas publicitarias también ofrecen servicios gratuitos de email). Este suele ser el origen de esas publicidades que surgen después de una conversación informal con amigos y que generan la inquietante sensación de que el teléfono nos escucha.

Qué podemos hacer para que no nos persiga el retargeting

No hay grandes soluciones para evitar recibir el impacto de campañas de repetición, pero estas podrían ser algunas ideas:

  1. En las webs que visitamos, configurar las cookies para no permitir “cookies de marketing” y “cesión a terceros”
  2. Utilizar bloqueadores de anuncios (adblockers)
  3. Navegar con VPNs o con navegadores anónimos como Tor

En general todas estas soluciones exigen un pequeño esfuerzo por parte de los usuarios: configurar las cookies de las webs que visitamos, instalar un adblocker o en el caso de usar Tor, navegar mucho más lento, por lo que podemos considerar la publicidad de repetición como un mal menor.

Como es habitual, el programa completo estará disponible durante unos días aquí. Mi intervención a partir del minuto 9.

Hablando sobre contraseñas y accesos seguros en los informativos de TVE

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El pasado sábado intervine en un reportaje emitido por los informativos de La 1 en TVE (mediodía y tarde) sobre accesos seguros, el correcto diseño de contraseñas y los nuevos sistemas passwordless.

Aunque el reportaje se emitió con un formato muy breve, durante la entrevista comentamos que una buena contraseña es aquella de uso individual (que no sea compartida con otras personas), lo suficientemente larga (al menos 10 caracteres) y que combine letras, números, caracteres especiales, mayúsculas y minúsculas. No debemos diseñar nuestras contraseñas con datos personales como nuestro nombre propio, el nombre de nuestros hijos o de una mascota, el cumpleaños o el año de nacimiento. Tampoco es recomendable usar la misma contraseña en varios servicios, ya que si uno de ellos fuese hackeado, los atacantes podrían acceder al resto de servicios.

Las estadísticas dicen que las contraseñas más repetidas en el mundo son 123456, abc123 y password. También son muy habituales las secuencias de letras o números iguales como zzzz ó aaabbb y las secuencias del teclado como qwerty ó asdf. Así que deberíamos evitar todas estas combinaciones ya que son las primeras que probará un atacante.

Para aumentar la seguridad de nuestras cuentas, podemos usar autenticación de doble factor (cada día más presente en los principales servicios digitales y plataformas) o una app de gestión de contraseñas.

Otra tendencia es la autenticación sin contraseña o passwordless que pretende incrementar la seguridad de los sistemas al mismo tiempo que se facilita la vida de los usuarios. En lugar de contraseña, el sistema nos pide autenticación biomética (mediante huella dactilar o detección facial) o validaciones a través de email o mensajes al móvil. Son el tipo de accesos que ya estamos utilizando en los servicios bancarios y que podrán incorporarse en otros servicios como las plataformas de comercio electrónico o las redes sociales, aunque está por ver que los usuarios quieran ceder información biométrica u otras vías de contacto a este tipo de servicios. Como norma general, todavía seguimos confiando en los bancos para cederles nuestros datos personales y no tanto en la red social de turno o en una plataforma de e-commerce con sede en un país de fiscalidad exótica.

El clip del reportaje está publicado en esta noticia corta en la web de RTVE. También disponible el informativo completo aquí (mi intervención a partir del minuto 27).

Sharenting y el sentido común cuando publicas fotos de tus hijos en redes sociales

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El pasado miércoles dediqué mi colaboración mensual en Capital Radio a hablar del sharenting, el uso habitual de las redes sociales para compartir contenidos de nuestros propios hijos. Es un tema espinoso, como todo lo que tiene que ver con los niños y la libertad de sus padres para educarlos como quieran. Así que no se trataba de juzgar a nadie, sino de compartir algunas reflexiones, riesgos y consejos generales sobre el tema.

La expresión “Sharenting” proviene de la fusión de los términos anglosajones “Share” (compartir) y “Parenting” (partenidad), algo así como compartir la paternidad. El sharenting se ha convertido en una práctica muy habitual para algunos padres y madres, potenciada por la cada vez más habitual lejanía de los miembros de algunas familias que viven en otras provincias o incluso en el extranjero y, por supuesto, las pequeñas dosis de autoestima que nos generan los likes y los comentarios acerca de nuestros hijos.

Hasta la fecha, no ha existido otra generación de niños con una infancia tan pública ya que somos la primera generación que está experimentando de manera generalizada con las redes sociales. No sabemos qué va a pasar dentro de una década cuando esos niños sean adultos, pero es probable que muchos no estén de acuerdo con lo que hicieron sus padres.

Podríamos tomar como ejemplo esas fotos que todos los padres y madres conservan con orgullo en el salón durante décadas con el bautizo, la comunión o la graduación de sus hijos y en la que todos nos sentimos ridículos desde nuestra perspectiva adulta. Las redes sociales amplificarían enormemente ese efecto, ya que no solo verían las fotos de nuestra infancia los amigos de nuestros padres sino cualquiera que haga una búsqueda en la red social de turno.

¿A qué riesgos nos enfrentamos?

En primer lugar, y más importante, estamos generando una huella digital que viola la privacidad, o más bien la futura privacidad que corresponde a nuestros hijos. Puede que cuando sean adultos, no deseen que un buscador indexe fotografías suyas de su etapa infantil o preadolescente.

Por otra parte y sin pretenderlo, podemos estar favoreciendo el futuro bullying de nuestros hijos, ya que podemos estar compartiendo información que pueda alimentar las burlas o el acoso. 

También existen otros riesgos, menos probables, pero que no podemos pasar por alto, como el secuestro físico o de la identidad digital del niño, ser objeto de memes y burlas o ser reclamo para servicios ilegales (o al menos cuestionables)

Tres reflexiones antes de publicar fotos de nuestros hijos

Aunque en el fondo todo este tema se puede resumir en tener un poco de sentido común, está bien tener en cuenta estas tres reflexiones:

  1. Tu hijo no gana nada con la publicación de sus imágenes o vídeos.
  2. Recordar el dicho: “Nunca publiques en internet aquello que no quieras que pueda ser publicado en un periódico o que pueda surgir en una entrevista de trabajo o un juicio”.
  3. Todo lo que se publica en internet escapa de cualquier control, ya que aunque lo eliminásemos, siempre puede haber sido capturado, almacenado y reutilizado.

Consejos para publicar contenido de nuestros hijos en redes sociales

  • Configurar de forma correcta (y restrictiva) las opciones de privacidad de nuestras redes sociales. En el caso de publicación de fotos de menores, no utilizar cuentas públicas.
  • No es recomendable crear una cuenta propia de nuestro hijo con su nombre, sino utilizar la cuenta de un adulto que, como norma general, suele tener mejor configuradas las opciones de privacidad.
  • Cuando nos planteemos la publicación de una imagen, pensar cómo se sentiría la versión adulta de nuestros hijos si en el futuro vieran esa imagen.
  • Si nuestros hijos tienen suficiente edad, podemos consultarles su opinión. Si un contenido no les agrada, deberíamos replantearnos su publicación.
  • Nunca publicar imágenes en las que los niños estén desnudos, aunque sea parcialmente.
  • Nunca dar la localización de nuestro hijo, su colegio o sus costumbres.
  • Si enviamos imágenes a través de aplicaciones de mensajería instantánea (Whatsapp, Telegram, etc), especialmente en grupos, asegurarnos de que las personas que están al otro lado son de nuestra confianza.
  • Una vez que hemos decidido el nivel de privacidad con el que nos sentimos cómodos, dejar claro a nuestros familiares y amigos más cercanos que ese nivel de privacidad debe ser tenido en cuenta por ellos también en todo lo relativo a nuestros hijos.

Como siempre, el programa estará disponible durante unos días en este enlace. Mi intervención a partir del minuto 11.