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90% de todo” es un libro de Rose George al que llego a través de este artículo en prensa, que nos aporta un poco de luz en la trastienda del desconocido mundo del transporte marítimo. Algunos de los datos y testimonios que incluye son muy impactantes. Recopilo aquí algunas ideas para la reflexión.

Se estima que el 90% de los bienes físicos han sido transportados en un barco de grandes dimensiones. Si echas un vistazo a tu alrededor, pocas cosas habrá que no hayan pasado por el container.

El sistema de transporte marítimo pone en evidencia el insalvable salto que existe entre las economías del mundo, hasta un nivel que roza el absurdo: “hemos conseguido que sea más económico pescar bacalao en Escocia, transportarlo a China, filetearlo allí y devolverlo a su lugar de origen, que hacer el proceso completo en Escocia“.

Los (escasos) trabajadores de un súper barco de transporte consideran su trabajo como “estar en la cárcel mientras cobras un sueldo“. El 70% de los barcos están registrados en paraísos fiscales, navegan en aguas internacionales y tanto la empresa propietaria como el capitán suelen tener nacionalidades dispares. A los marineros les queda así poco margen para negociar. Son un colectivo del que (casi) nadie se acuerda y sus condiciones son realmente duras. Nadie se acuerda de ellos cuando compras “café de comercio justo“: el productor, el distribuidor y el comerciante pueden estar trabajando de buena fe, pero es probable que los empleados del transporte estén sometidos a unas condiciones muy poco “justas”.

Los motores de estos colosos flotantes son otra fuente de problemas. Además de provocar la muerte de cantidad de animales marinos, hay un estudio que estima que los 15 barcos más grandes emiten tanta polución como la totalidad de los 760 millones de coches de todo el mundo. Parece que las autoridades europeas están tratando de poner coto a este problema, pero sin duda, queda mucho por hacer. En cualquier caso, ¿estaríamos dispuestos a pagar más caros el 90% de todos nuestros productos y en especial los “low-cost“, a cambio de que los barcos sean más respetuosos con el medio ambiente?

Está claro que la solución a este problema pasa por multiplicar la eficiencia del transporte y por volver a un consumo prioritario de los productos que se generan en tu cercanía geográfica. En esa búsqueda de eficiencia, me gustó esta iniciativa de un grupo de investigadores y empresarios del transporte que buscan soluciones para promover una organización global del suministro comercial inspirándose en los protocolos de transporte de información en malla que utiliza Internet.

Llevar la filosofía de paquetes de información transportados de forma distribuida al ámbito de las mercancías (la llamada “Internet física“) constituye un reto importantísimo para el siglo XXI y es seguro que contará con la oposición de todas las empresas tradicionales del transporte que verán como su negocio puede peligrar en este nuevo status quo.

En este sentido me llamó especialmente la atención esta cita: “No se trata de que las empresas pasen de competir a cooperar, sino de que empiecen a competir en el momento correcto: cuando el ordenador de una marca tiene que medir su calidad y su precio contra el de otra, no cuando viajan cada uno en un camión medio vacío hacia el mismo destino

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