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Emprender está de moda. Por voluntad propia u obligados por las circunstancias, cada día es más habitual que los profesionales se lancen a emprender una actividad por cuenta propia. La idea es realmente atractiva: trabajar para ti mismo, ser tu propio jefe y en definitiva, ser el dueño de tu destino. Pero conviene tener claro que emprender no es una actividad apta para todo el mundo. Implica retos complejos y multitud de sinsabores, riesgos económicos y una entrega absoluta.

Desgraciadamente, los sistemas educativos actuales y la universidad, no suelen incluir en sus programas la promoción y el desarrollo del espíritu emprendedor. Además, este tipo de capacidades son muy difíciles de medir, de evaluar y de recoger en un currículum. Poco a poco la situación va cambiando, empezando por lo educacional, pero también por la aceptación social que tenemos hacia la actividad emprendedora.

El sector de la gastronomía, en el que España es una potencia mundial, es un buen ejemplo de cómo una buena estrategia global de largo plazo puede proporcionar grandes resultados. No es una casualidad que España tenga algunos de los mejores cocineros del mundo y de los restaurantes más premiados. Nuestro país tiene un clima y una ubicación que le permite disponer de alimentos de alta calidad pero no sólo con una gran materia prima generamos reconocimiento.

España lleva años formando cocineros en sus escuelas especializadas en hostelería, fomenta la gastronomía en la televisión con programas que a pesar de su vertiente lúdica giran alrededor de la cocina y la popularizan, hay concursos infantiles de cocina para que los más pequeños lo adopten con naturalidad, disponemos de una oferta editorial que no tiene comparación con ningún otro sector y lo más importante de todo, cocinar está aceptado socialmente y es percibido con gran valor, como algo claramente positivo.

Este es el caldo de cultivo que tenemos que generar para que se desarrolle masivamente el espíritu emprendedor, entendido en su sentido más amplio: las ganas de hacer cosas, de adoptar caminos diferentes, de buscar formas alternativas de ganarse la vida,… El déficit en espíritu emprendedor nos está convirtiendo en una sociedad dormida y sumisa, dependiente económicamente de los poderes tradicionales.

Sin duda, los emprendedores tenemos mucho que aprender de los cocineros. Ellos sí saben cómo hacerlo.

(Artículo publicado originalmente en el Blog del Salón Mi Empresa)

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