El pasado domingo participé en un reportaje de los Informativos de RTVE para hablar sobre los algoritmos de las apps de citas. Venía al hilo de que este tipo de apps experimentan un incremento notable de tráfico en estos días de inicio de año, al igual que otros cambios de hábitos e iniciativas como dejar de fumar, hacer deporte o aprender inglés.
Mi argumento fue que los algoritmos no cambian con el momento, es decir, no favorecen que utilicemos más la app en un periodo determinado. Por tanto, si hay un incremento de tráfico al inicio del año o durante determinados días como los domingos, atiende a causas relacionadas con la psicología o la agenda de los usuarios.
Los algoritmos de las principales apps de citas utilizan otro tipo de información para hacer los match. Por una parte, los datos de edad y ubicación, ya que son la base de los filtros con los que interactúan los usuarios.También utilizan la actividad del usuario con la app. Esto es algo habitual en todas las redes sociales ya que dan prioridad a aquellos usuarios que más interactúan y que mantienen su conexión durante más tiempo. Un último dato importante para los algoritmos es la actividad de otros usuarios hacia nuestro perfil: si hemos resultado interesantes para otros usuarios, el algoritmo considera que también lo seremos para nuevos candidatos.
El pasado domingo intervine en los informativos de TVE para hablar sobre el duelo tras una ruptura sentimental o el fallecimiento de un ser querido en un momento en el que los algoritmos nos proporcionan contenidos automáticos y recuerdos aunque no queramos. Tanto las redes sociales, como los mismos sistemas operativos de nuestros teléfonos móviles, nos recuerdan aniversarios que pueden estar muy bien en una gran mayoría de los casos, pero que quizás no sean muy acertados después de una ruptura o un deceso.
En esos momentos, puede parecer que detrás de un algoritmo haya alguien que nos quiera hacer la puñeta (especialmente en el caso de rupturas amorosas): nos recuerda ese paseo romántico de hace un año, la canción que escuchábamos o el nuevo capítulo de una serie que veíamos juntos.
Los algoritmos se diseñan con el objetivo de mantener y aumentar los tiempos de permanencia en la app de turno para generar espacios en los que colocarnos publicidad. Tienen en cuenta infinidad de variables pero no son tan listos como para interpretar que ha habido una ruptura. Al menos, de momento.
Los algoritmos también colaboran a reforzar la sensación de que estamos inmersos en una burbuja de pensamiento: nos recomiendan más contenidos en función de nuestros amigos y el tipo de contenido al que damos “like”. Este efecto burbuja no tiene mayor importancia en el caso de nuestras aficiones: el algoritmo detecta que me gusta el ski y me propondrá más cuentas con contenido de ski y publicidad de marcas de ski, que probablemente sean de mi agrado.
En el caso de la política, este refuerzo ya no es tan positivo, ya que colabora a la polarización del debate: aquel que es muy de izquierdas o muy de derechas solo recibirá sugerencias en línea con su pensamiento, reforzando su postura, en lugar de acceder a nuevas ideas que colaboren con el desarrollo de un espíritu crítico.
Por ese mismo efecto burbuja y tras una ruptura sentimental, el algoritmo nos seguirá ofreciendo contenidos y recuerdos relacionados con nuestra expareja. Aunque bloqueemos su cuenta, seguiremos teniendo en común amistades y familiares, por lo que solo podremos acabar con estos recuerdos mediante una ruptura total con el entorno o un periodo de desconexión digital radical.
Además de la desconexión digital durante el duelo, conviene ser consciente de lo que publicamos mientras todavía estamos a tiempo. Nunca hay que olvidar que cualquier contenido que publiquemos en internet escapa a nuestro control. Es susceptible de ser copiado, reutilizado, retuiteado, etc, así que después de la ruptura, pueden reaparecer imágenes con nuestra expareja que fueron republicadas por amistades en común, sin que podamos hacer nada por evitarlo.
En definitiva, los algoritmos no son tan listos como parecen y a veces serán los culpables de incomodarnos en un periodo tan sensible y tan humano como el duelo. El problema no es tanto que el algoritmo nos recomiende contenidos poco adecuados, sino la conexión emocional que esos contenidos nos puede producir, y esto es algo que se escapa al funcionamiento normal de cualquier algoritmo.
ACTUALIZACIÓN (DIC 2022): Un triste ejemplo sobre este tema que me acaba de ocurrir: Linkedin me indica que felicite el cumpleaños a un amigo y antiguo compañero profesional que lleva varios años fallecido.