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A principios de este año hemos podido ver un par de campañas de marketing llevadas a cabo por dos de las grandes compañías de la moda europea.

Por un parte H&M lanzaba una línea de ropa interior masculina protagonizada por David Beckham. Durante unas semanas, el centro de Madrid se invadió de fotos del Beckham en calzoncillos blancos en actitudes muy sensuales. Sin duda, un reclamo potente. Sobre el producto promocionado poco se puede decir: calzoncillos blancos de los de toda la vida con un precio ligeramente superior al habitual. ¿El objetivo? que “ellas” (que son las que compran) no olvidarán que Beckham las invitaba personalmente a pasarse por H&M. Si luego compraban calzoncillos u otro artículo es lo de menos, siempre y cuando usaran su tarjeta de crédito. Curiosamente, lo de menos era el producto anunciado.

Pocos días después, Mango se hacía con los servicios de otro icono sexual internacional: Kate Moss. De nuevo hubo un desembarco de cartelería en el centro de Madrid, pero esta vez con bastante menos éxito. En las imágenes elegidas por Mango, Kate luce un vestido y una chaqueta bastante vulgar y hasta su cara refleja cierta apatía y aburrimiento. La campaña pasaba completamente desapercibida, a pesar del dinero que le costó la broma a Mango. Y pienso yo, ¿es que a nadie en Mango se le ocurrió que Kate Moss podía vender bragas?

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