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Sistémico: relativo a la totalidad de un sistema. En el ámbito médico, hace referencia a un organismo en su conjunto. Por ejemplo, el cáncer (como la banca) termina por convertirse en una enfermedad sistémica.

Si reflexionamos un segundo sobre cuál debería ser el sector de actividad imprescindible para la vida humana, podríamos pensar que la alimentación. Sin duda, sin comida el ser humano desaparecería. También podríamos pensar en el sector sanitario: alguien que tiene la capacidad de curar a las personas o potenciar su salud debería ser capaz de tener un gran dominio social. Es más, históricamente, aquellos que controlaban el poder militar eran los que imponía su ley: la ley del más fuerte.

Sin embargo, en nuestro tiempo y tras una (r)evolución muy rápida, las cosas han cambiado radicalmente. Los empresarios del sector agrícola y ganadero están más vapuleados que nunca. Lo mismo ocurre con los médicos e incluso con los ejércitos y cuerpos policiales. Hoy en día, el único sector realmente sistémico es la banca. Piensa fríamente en ello: ¿cómo puede ser que seamos totalmente dependientes de unos señores cuya única misión es facilitar el crédito?

Todavía recuerdo los tiempos en los que mi abuelo regresaba a casa con su paga mensual en un sobre con dinero en efectivo, o cuando iba a pagar la electricidad en persona. Hoy en día, sin una cuenta bancaria no puedes vivir: no puedes recibir una nómina, no puedes domiciliar ningún servicio (electricidad, gas, teléfono,…) ni podrás ser declarado como solvente en ninguna entidad. Ni siquiera la Administración Pública te deja pagar tus impuestos en efectivo. Antes tienes que pasar por una entidad bancaria. Sólo un indigente es libre de pasar por una oficina bancaria.

Sin duda, el gran acierto de los bancos de los últimos 40 años ha sido convertirse en sistémicos, imprescindibles para que el sistema en su conjunto funcione, a la vez que sospechosamente cercanos y entrelazados con la vida política.

Una vez consolidada en su posición de poder, la banca aprovecha su status. Si obtiene beneficios, se los queda. Si tiene problemas de solvencia, les ayudamos, porque las consecuencias de su caída son mucho peores para sus clientes que para la banca en sí misma. Y por eso se justifica también otra de las tradicionales reclamaciones de los consumidores de hoy en día: en general (aunque generalizar siempre sea injusto) la banca tiene la peor atención comercial del mercado.

Todos hemos vivido aquello de ir a una oficina bancaria, preguntar por cualquier asunto y obtener los típicos “no, no podemos“, “el ordenador no me deja” o simplemente “esto es lo que hay“. Una atención comercial que ofrece a sus mejores clientes ofertas del tipo “te damos una vajilla por un plazo fijo“. Sin ir más lejos, hace unos días me dieron una promoción de “cuatro trapos de cocina por un depósito a 6 meses“. ¿Puedes imaginar algo más cutre?

Este es nuestro sistema bancario actual y todo ello es consecuencia de una única razón. Son sistémicos, saben que no podemos vivir sin ellos. Por eso no necesitan mejorar su atención comercial. No lo olvidemos.

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