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Hace unas semanas hicimos en casa nuestro primer pedido en Ulabox, un supermercado online detrás del cual se encuentra una startup española de reciente creación. Me lo había recomendado un amigo y decidimos probarlo. La experiencia de compra es magnífica y fuimos capaces de hacer el pedido en un momento. Pulsamos el botón de comprar y listo!

El envío nos llegó puntualmente en el rango horario que habíamos seleccionado pero cuando abrimos las cajas nos llevamos una pequeña sorpresa: en lugar de un pack de 6 cervezas, nos habían mandado 6 packs de 6 cervezas! Vimos en el pedido que claramente se trataba de un error, ya que sólo nos habían cobrado las 6 cervezas iniciales, así que decidimos hacer la buena obra del día y avisarles, más que nada para que no siguieran mandando cerveza gratis a todo el mundo y arruinar su plan de negocio por su generosidad cervecil.

Ulabox nos contestó enseguida con lo siguiente: “nos hemos equivocado, así que haced una fiesta e invitad a vuestros amigos. Brindad por nosotros. En cualquier caso, gracias por avisar.

Está claro que a Ulabox les salía más barato regalarnos las cervezas que mandar un transporte a por ellas, así que gestionaron muy bien el incidente. A nosotros nos dejó muy buen sabor de boca y el resultado es que hemos vuelto a comprar varias veces más y lo seguiremos haciendo. Esto que parece tan sencillo de entender, no lo es tanto en otros muchos proveedores y si no me crees piensa en tu operador de telefonía, en tu banco o en tu suministrador de electricidad, donde chulear al cliente es la táctica habitual.

Estamos ante una lección maestra del mundo comercial: puede que surjan problemas porque todo el mundo los tiene, pero cuando se presenten, resuélvelos con elegancia y profesionalidad. Y Ulabox lo ha hecho realmente bien.

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