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Hace unos días, un amigo me estuvo enseñando el nuevo coche que se había comprado. Me fue contando la cantidad de maravillas electrónicas y automatismos que incorporaba: sensores de lluvia y luces, detectores de obstáculos y ángulos muertos, asientos eléctricos con memoria,…  Según me decía, te acostumbras demasiado rápido a estos automatismos y cuando conduces un coche sin ayudas, te das cuenta de lo torpe y vago que te vuelves.

Ese día por la noche estuve leyendo un extenso artículo sobre el coche autónomo y me di cuenta del gran camino que hemos avanzado ya en esta dirección. Los coches actuales apenas nos demandan interacción más allá del volante, el acelerador y el freno. Hasta podemos desentendernos de cómo llegar a nuestro destino con los navegadores actuales. Si pensamos en los vehículos de hace 20 años, el coche autónomo no parece algo tan lejano.

De sus consecuencias, principalmente para el mundo del empleo, habla largo y tendido éste otro artículo. Los coches autónomos serán una realidad comercial entorno al año 2020 y su expansión será muy rápida. Imagina lo que sucederá en 15 años con los conductores de autobuses, taxis, transportes por carretera, etc. Desplazarán al conductor de la misma manera que el automóvil desplazó a los caballos.

Finalizo con una frase muy impactante que aparece en el artículo: el debate de la próxima década no será si permitimos los coches autónomos, sino si permitimos a los humanos conducir los coches actuales, porque los humanos provocan accidentes, se dejan llevar en exceso por sus emociones y hasta necesitan ser controlados por la policía.

Por cierto, que el coche autónomo también provocará el desmantelamiento de gran parte de la policía y la guardia civil. Veremos….

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