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Parque Guell 3

Llevo haciendo fotografías digitales desde Enero de 2001, cuando me compré mi primera cámara digital Fuji. La panorámica de Barcelona desde el Parque Güell que ilustra este artículo, fue una de las primeras fotos digitales que hice en mi vida. Quizás la fecha de Enero de 2001 no te diga nada si hablamos de fotografía, pero en aquellos días, tener una cámara digital era muy inusual. Recuerdo que la gente me miraba por la calle cuando en lugar de acercar el ojo al visor, estiraba los brazos y hacía las fotos con la referencia del display, un gesto que a día de hoy está tan normalizado que lo contrario (llevar el visor al ojo) es lo que produce asombro.

La primera vez que tuve en mis manos una cámara digital fue en el verano del 2000. Mis amigos de Belio Magazine tenían una y me quedé asombrado con aquel gadget mágico. Unos meses después me hice con aquella Fuji que me permitía una resolución de 1024px y su memoria almacenaba unas 60 fotos. Desde la perspectiva actual, estas cifras son de risa pero el salto cualitativo y cuantitativo que me supuso aquella cámara con respecto a la fotografía analógica fue muy grande.

Aunque hoy nos parezca increíble, con anterioridad al año 2000 toda la fotografía de consumo era analógica: nos íbamos de vacaciones y hacíamos a lo sumo, uno o dos carretes de 36 fotos. Al volver del viaje, peregrinábamos al estudio de revelado y montábamos nuestras fotos de papel en álbumes que decoraban la estantería del salón. Pero estas historias que te sonaran familiares si tienes más de 40 años, son difíciles de entender para los más jóvenes y especialmente para la Generación Z.

Desde un punto de vista fotográfico, mi vida se divide en la etapa analógica de la que tengo relativamente pocas fotografías (calculo que entre 400 y 500) y la etapa digital. Desde mi antigua cámara digital Fuji hasta hoy, mantengo un álbum perfectamente catalogado con los principales eventos de mi vida. Este fin de semana hice recuento y tengo 30.000 imágenes de estos 15 años; unas 2000 fotos por año, o lo que es lo mismo, unas 5 o 6 al día. La dimensión que nos ha dado la fotografía digital y en especial desde que la llevamos integrada en nuestros teléfonos móviles es de varios ordenes de magnitud con respecto a la fotografía analógica.

¿Y qué podemos esperar de la próxima década? Personalmente, hago menos fotos que hace unos años. Más allá de los momentos familiares y de las imágenes más frikis que uso en mis queridas series “Errores de marketing” y “Todos somos creativos”, fotografiar lugares tiene cada vez menos interés. Vayas donde vayas, el lugar ya ha sido fotografiado por alguien, probablemente con más técnica y mejor equipamiento, y te vale una simple búsqueda en Internet para ver esas imágenes de otras personas. ¿Qué aproximación puedes hacer, por ejemplo, a la Torre Eiffel, el Acueducto de Segovia o el London Bridge, que no haya sido hecha ya?

¿Podemos estar ante un punto en el que deje de tener sentido tomar fotografías de tus vacaciones porque todo lo que ves está disponible ya en Internet (salvo, obviamente, esos momentos especiales en los que aparece tu familia o amigos)? ¿Volveremos a ese punto en el que el viajero se limita a “sentir el lugar” y olvidarse de fotografiarlo de forma compulsiva, como esos japoneses que sólo ven los lugares que visitan a través de sus displays?

Piénsalo en tus próximas vacaciones. Quizás te compense no sacar la cámara del bolsillo porque ya está todo fotografiado.

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