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Si me hubiesen dicho hace un mes que mi siguiente colaboración en la radio tendría lugar a distancia porque medio mundo está encerrado en sus casas debido a un virus global, nunca lo hubiese creído. Ni en el escenario más bizarro y apocalíptico, hubiera imaginado algo así. Pero ésta es la nueva realidad: todos estamos en cuarentena en nuestras casas, haciendo lo posible por trabajar a distancia mientras cuidamos a niños o personas mayores. Por eso decidí adaptar el contenido de mi participación mensual en el programa Afterwork de Capital Radio para hablar sobre teletrabajo.

A nivel de datos estadísticos, los profesionales españoles que trabajan a distancia de manera habitual son (somos) solo el 4%. La cifra sube hasta un 7,5% si hablamos de teletrabajo esporádico. La Comunidad de Madrid lidera este ranking en España con un 10%, aún por debajo de la media europea, entorno a un 12%. Los líderes en teletrabajo en Europa son los países escandinavos, especialmente Dinamarca y Suecia. Lo que sí está claro es que es una tendencia creciente desde 2005. Hasta el año 2000, el teletrabajo era simplemente inexistente.

En España estamos por debajo de la media europea porque seguimos valorando en exceso la presencialidad en lugar del trabajo por objetivos. Por eso es que el teletrabajo no es tanto un reto tecnológico (algo que está superado en la mayoría de las empresas) sino un cambio de organización, de procedimientos y de cultura corporativa. Los trabajadores deben acostumbrarse a una nueva forma de hacer las cosas en las que tus compañeros ya no están en la mesa de al lado y en la que no se tiene a un jefe guiando nuestros pasos. Ya no vale aquello de “he venido a hacer lo que me mandes” sino que es necesaria la proactividad y el trabajo por objetivos comunes.

Diversos estudios estiman que en España, más del 70% de las empresas están preparadas para explotar fórmulas de teletrabajo y que aproximadamente el 50% de los trabajos son susceptibles de realizarse en remoto. Es obvio que hay profesiones más adaptadas al teletrebajo como los relacionados con el ámbito digital (programadores, diseñadores, desarrolladores de apps, …), las humanidades (periodistas, traductores, escritores), los cargos directivos, los comerciales y autónomos, o el sector del comercio electrónico. El teletrabajo es cada día más habitual en sectores como los teleoperadores, los profesores de etapa superior o especializada e incluso entre los artistas y artesanos que venden sus propios productos por internet.

Hay dos sectores muy importantes donde el teletrabajo tiene aún mucho recorrido. Por una parte la banca. Ya hace veinte años que los primeros bancos online como Openbank nos sorprendieron con su operativa 100% virtual, sin oficinas. Muchos clientes hastiados de la banca presencial abrazaron esta tendencia a finales de los años noventa. Hoy en día, la digitalización en la banca ha llegado a tal punto que hasta las hipotecas se conceden con un procedimiento completamente online. Y eso que la firma de una hipoteca es con toda probabilidad, un servicio bancario que, en muchos casos, solo se utilizará en una única ocasión a lo largo de la vida.

Otro sector con mucho recorrido es la administración pública. Desde la entrada en vigor de la Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de Administraciones Públicas (LPACAP) en la que se establece el derecho y la obligación de relación electrónica con las diferentes administraciones, los ciudadanos tenemos la posibilidad de realizar todos nuestros trámites a distancia con nuestro DNIe o firma digital. Si ya no necesitamos que haya una ventanilla física, el funcionario que está al otro lado puede perfectamente realizar sus tareas de admisión, revisión y respuesta desde su casa.

Como cierre de mi participación, Eduardo Castillo me pidió algunos consejos para los nuevos teletrabajadores, que forzados por el confinamiento obligatorio provocado por el coronavirus, han tenido que adoptar su trabajo a distancia a contrarreloj. Es obvio que no son las mejores condiciones para probar nuevas fórmulas, con nuestros hijos en casa y con una situación generalizada de angustia ante las noticias que recibimos en los informativos. En cualquier caso, aquí van algunos consejos rápidos:

  1. Evitar las distracciones de casa, como ir al frigorífico a picar algo, hablar por teléfono en exceso con familiares y amigos, desviar nuestra atención a labores del hogar, etc. Aunque también conviene recordar que en una oficina hay muchas distracciones: desde el compañero que viene a quejarse del jefe hasta los cafés y cigarrillos a escondidas. Si somos capaces de centrarnos, nuestra casa puede ofrecer menos distracciones que una oficina.
  2. Relacionado con lo anterior y en la medida de lo posible, separar el lugar de trabajo del de ocio. Evitar las tentaciones mientras estamos trabajando.
  3. Seguir ciertas rutinas: el desplazamiento a la oficina suele despejarnos la cabeza y nos prepara para la jornada. Por eso es conveniente empezar con una ducha, desayuno e incluso un pequeño ejercicio físico de 10 minutos antes de empezar la jornada.
  4. Aprender a desconectar. Conviene tener un cierto horario y no extender el trabajo más allá de lo razonable. A los que tenemos tendencia a ser un tanto workaholics, nos cuesta desconectar y es conveniente hacerlo para poder experimentar un buen descanso.

En resumen, esta lamentable situación en la que nos hemos visto envueltos puede suponer una buena oportunidad para probar nuevas fórmulas de trabajo, impensables hace solo un par de semanas. Son momentos para la experimentación y, quién sabe, quizás nos venga muy bien para cambiar las cosas en el futuro o para valorar más lo que ya teníamos.

Espero que mi colaboración de Abril sea ya desde el estudio de Capital Radio en el centro de Madrid. Mientras tanto, espero que todos estéis bien y os deseo mucho mucho ánimo.

Como siempre, el programa completo está disponible aquí.