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Feliz Cumpleaños de parte de Ikea

Hoy cumplo 39 años y en fin, no quiero pensar mucho en ello porque la realidad es que me deprime un poco. Hace mucho que me dejó de gustar eso de cumplir años. Mi cumpleaños suele ser un momento personal nostálgico en el que recuerdo el pasado, agradezco lo que tengo en el presente y trato de imaginarme el futuro.

Pero si algo ha cambiado en estos años es cómo te felicitan tus amigos. En mi caso, hace 20 años, tu cumpleaños significaba que no pararan de sonar llamadas en el teléfono fijo (y analógico) de la casa de mis padres, sobre todo en la hora de la comida, que es cuando sabían que te pillaban en casa. También recibías alguna carta de algún amigo que vivía en otra ciudad y que aprovechando la excusa del cumpleaños, te contaba cómo le iba la vida. Era un momento en el que no había otra forma de mantener el contacto.

Como ha cambiado el cuento en sólo 20 años. En el día de hoy, por ejemplo, recibo un montón de felicitaciones y parabienes en mi muro de Facebook. Vale, tiene truco, Facebook se lo recuerda a mi comunidad de amigos, pero también hace años había agendas en las que apuntabas a boli los cumpleaños de tus allegados.

También he recibido un montón de Whatsapps, varios emails e incluso algunas marcas como Ikea, no sólo me han felicitado sino que hasta me han hecho un regalo: un vale por una comida gratis en mi próxima visita!, un estilo de marketing que explota ese lado más humano de la marca.

Y hasta el momento, sólo unas pocas llamadas (al móvil, por supuesto) de la gente más cercana y más importante para mi, como mi madre (que madre no hay más que una!!!). Pero el teléfono se limita a eso, a tus vínculos de amistad más íntimos. De hecho, si me paro a revisar mi agenda telefónica hay muchos amigos de los que no tengo su número. No tengo la necesidad de ello, sé que en cualquier momento les puedo encontrar vía Facebook, por ejemplo. Tampoco tengo la necesidad de llamarles para preguntarles “¿qué tal te va la vida?” porque lo leo a diario en su muro o en su timeline.

Definitivamente, cómo nos ha cambiado la vida en sólo 20 años. Sólo espero que cuando pasen otros 20 y esté en las puertas de los 60, mi hija me dedique un poquito de tiempo para explicarme las nuevas tecnologías del momento que seguro, me costarán un poco. Es lo que hay, tengo que hacerme a la idea.

ACTUALIZACION 28/1/13: Al hilo de algunos de vuestros comentarios… por mucho que me guste Facebook, Twitter, Whatsapp, etc, nada de ello puede sustituir una animada charla presencial acompañada de un buen café. Eso sí que no ha cambiado en mucho tiempo :-)

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