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Tres generaciones de MacBooks

Soy un usuario más o menos intensivo de los productos de Apple. Aunque toda mi vida había usado PCs, fue en un viaje a Nueva York donde me dio la locura consumista y me compré en la flamante Apple Store de la Quinta Avenida, mi primer MacBook. Desde el 2008, cuando me incorporé full-time a El Equipo E, lo usé como ordenador de cabecera y lo jubilé hace un par de años, aunque no dudé en sustituirlo por otro Macbook Pro ante la falta de opciones serias en el mercado. Además del Mac, también soy usuario de un iPhone, un iPad y un iPod Classic donde tengo toda mi discoteca (y que ha hecho que mi colección de CDs no hagan más que coger polvo en una estantería).

Siempre se dice que Apple ha sabido revolucionar los mercados con sus productos, pero después de usarlos casi todos, lo que considero más revolucionario no es el Mac, ni los iPod/iPhone/iPad, sino la plataforma que ha generado alrededor de las aplicaciones. La App Store ha sido capaz de generar impresionantes beneficios para Apple, consolidar sus productos y generar más engadgement con sus usuarios, pero lo más importante de todo es que se ha convertido en el motor de toda una economía de desarrolladores a escala global que genera un negocio completamente nuevo: la App-economy.

La idea no era ni nueva ni única, pero la implementación si lo fue. Sus hasta entonces socios de Google con los que siempre habían mantenido posturas cercanas, no tardaron en detectar que aquello podía ser muy importante y se volcaron con el desarrollo de su propia plataforma, Android. A partir de ese momento, la batalla entre ambas compañías no ha hecho más que endurecerse.

El concepto de generar un ecosistema para desarrolladores externos bajo una fórmula win-win (reparto de beneficios entre los desarrolladores y el dueño de la plataforma comercializadora) se ha extendido rápidamente a servicios “menores” de Internet como Spotify o Evernote creando sus propias tiendas de aplicaciones. Incluso los navegadores como Firefox tienen una buena oferta de add-ons.

Una vez inventado el concepto, ¿por qué limitarlo al ámbito de Internet? Google ya ha dejado ver que sus famosas Google Glasses serán una buena plataforma sobre la que ofrecer aplicaciones de terceros y hace unos días leía este post sobre un sistema operativo pensado para automóviles. ¿Te imaginas las posibilidades que podemos tener en el futuro con vehículos dotados de Apps? Los mapas y el GPS de hoy en día nos parecerán de risa.

Está claro que algunos fabricantes no han dudado: la adopción de la App-Economy supone potenciar sus negocios y abrir nuevas ventanas de oportunidad para ampliar las ventas. Veremos quién es el próximo en unirse a esta tendencia.

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