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El pasado lunes asistí a mi colaboración mensual en el programa Afterwork de Eduardo Castillo en Capital Radio. El lunes era 3 de Abril y tendríamos que haber quedado en Marzo, pero tuvimos que retrasarlo por problemas de agenda. Además de mi intervención, en el programa también participaron Cesar García y Gerardo Montes, CEO y Responsable de seguridad de OnRetrieval respectivamente y Laura Rocha, Marketing Manager de Zeiss.

Para esta ocasión, elegí un tema que considero muy complejo de abordar y a la vez muy interesante: la aproximación a la tecnología de los niños. El tema surgió porque una amiga me preguntó al respecto a través de Facebook y me puse a recopilar una serie de reflexiones que espero puedan ayudar a todos los padres que no saben muy bien como tratar este tema.

A continuación expongo un resumen de las conclusiones que tratamos, aunque como siempre, el programa completo estará disponible aquí durante los próximos días.

1.- Convivir con tecnología no es el futuro, es la realidad actual.

La tecnología no sólo se ha generalizado sino que se ha normalizado. Nuestra realidad es que vivimos rodeados de tecnología. Cuando actualizas tu estado en Facebook y tu madre te pone “me gusta”, no estamos ante una “nueva tecnología” sino ante la confirmación de que el uso de redes sociales, por ejemplo, es una realidad cotidiana.

Por tanto, los niños no pueden estar ajenos a esta realidad. Apuntamos a nuestros hijos a aprender idiomas, música, deporte, teatro,… pero ¿les negamos el acceso a la tecnología? Creo que es una actitud equivocada. Cuanto antes empiecen a normalizar el uso de la tecnología, mejor para ellos, porque su uso les parecerá más natural. Esto no quiere decir que todos los niños tengan que ser ingenieros en su madurez, pero deben aprender a interactuar con máquinas y a entender el pensamiento lógico que las hace funcionar, independientemente de a lo que se dediquen en el futuro.

2.- “Los nativos digitales no existen”

Pongo el titular entre comillas porque es el título de un libro coordinado por la periodista Susana Lluna y el blogger Wicho. El libro nos presenta la idea de que un chaval, por el hecho de haber nacido en un determinado año entrando así a formar parte del grupo de los llamados “nativos digitales”, no está dotado genéticamente para interactuar con tecnología. En definitiva, por ser nativo digital no es ingeniero informático. Es verdad, que los nativos digitales tienen más facilidad para manejar ciertos dispositivos como los smartphones y las tablets por el simple hecho de que lo llevan haciendo toda la vida, pero eso no implica que sepan desenvolverse con la necesaria soltura en el ámbito digital.

Sin la implicación de sus padres, los niños son “huérfanos digitales”. Como en cualquier otra disciplina, podemos dejarles que aprendan por su cuenta, pero todo será más fácil y fluido si cuentan con el apoyo de sus padres.

3.- Los niños, de entrada, no son expertos en nada.

Desgraciadamente, así es la naturaleza. Como adelantaba en el punto anterior, los niños tienen serias lagunas sobre cuestiones de educación y comportamiento que van mucho más allá de Internet: falta de empatía, inicios de acoso y violencia física, primer uso del lenguaje ofensivo… todo ello va siendo reencaminado con su educación. Si estas actitudes no son corregidas por la intervención de padres, familia y educadores, comienzan a hacerse patentes primero en el ámbito físico y posteriormente en el online.

Tendemos a ver sólo los riesgos y malos comportamientos en Internet pero no nos damos cuenta que educar, implica tanto a la realidad física como a la online. Y educar, en muchos casos, es tan simple como predicar con el ejemplo. Puedes decirle mil veces a tu hijo que leer es bueno pero si no te ve tocar un libro, no sentirá curiosidad e interés. De la misma manera, no es responsable que un niño vea como sus padres están colgados del whatsapp durante la cena o durante un evento familiar. Si unos años después ves como tu hijo usa el smartphone para evadirse de la realidad llegando al extremo de la adicción, resultará muy difícil convencerle de que cambie su actitud, porque lleva viéndolo toda la vida.

4.- Riesgos en Internet

Los violadores, los secuestradores, los acosadores, los pedófilos… no son un invento de Internet. Todos estos criminales son un producto de nuestro mundo, el mundo físico y real, y utilizan la red como una herramienta más para sus fines perversos. Por tanto, no hay mucha diferencia entre lo online y lo offline. El famoso “no hables con desconocidos” de nuestras abuelas, sigue siendo aplicable a la red. Igual que vigilamos a nuestros hijos cuando juegan en el parque, debemos acompañarles en sus primeros movimientos online.

No podemos delegar esta educación, igual que no podemos delegar sus primeros pasos en el mundo físico. Si no nos sentimos cómodos, lo primero es aprender, informarnos, experimentar, y luego aplicar el sentido común cuando acompañemos a nuestros hijos.

5.- Filtros parentales

Respecto al uso o no de filtros parentales, hay dos corrientes. Por una parte, tenemos a aquellos padres que no quieren usarlos porque consideran que el simple hecho de prohibir el acceso a determinadas páginas (pornografía, juegos violentos, etc) multiplican su atractivo y será difícil impedir que un niño acceda a ellas, por ejemplo, en casa de un amigo cuyos padres no usen este tipo de filtros. El hecho de normalizarlo elimina el atractivo de la prohibición para los menores.

Sin embargo, hay otros padres que prefieren usar estos filtros porque consideran que si no pueden estar el tiempo suficiente con sus hijos, pueden cometer alguna irresponsabilidad. Sería el caso de padres que por motivos personales o profesionales viajan o se encuentran mucho tiempo fuera del hogar y sus hijos se quedan con cuidadores o asistentes que quizás no le den la suficiente importancia y descuiden esta faceta. Por tanto, evitar el peligro mediante un filtro, puede ser la solución.

Considero que ambas soluciones son válidas, y la elección dependerá de cuál sea tu situación personal.

6.- Conexión entre educación y la realidad del mercado

La realidad del mercado es que cada vez hay mayor demanda de profesionales STEM (Science, Technology, Engineering, Maths), hasta un nivel que en muchos casos no se logra cubrir. Podríamos decir que hay paro negativo. Pero además, las disciplinas STEM se extienden más allá de los profesionales de esas áreas hasta prácticamente cualquier sector. Los profesionales no-STEM también necesitan conocimientos en tecnología: búsqueda de información y sentido crítico, relación con todo tipo de aplicaciones y entornos tecnológicos, normalización de interfaces y procesos, cuestiones básicas de marketing online, etc.

Es por ello que se ha abierto el debate a nivel internacional sobre la conveniencia de incorporar las ciencias de la computación en el curriculum escolar. Como decía antes, no se trata de que todos los niños sean ingenieros, sino de que normalicen la tecnología y entiendan como funcionan las máquinas. Estonia, Reino Unido, Singapur o Dinamarca, ya han dado este paso. Finlandia y Australia lo están estudiando para su próxima implantación. Lamentablemente, este debate no está ni por asomo en la sociedad española, algo que considero un error.

EN RESUMEN: el avance tecnológico no es una moda, es una realidad. Los niños deben adoptarlo con naturalidad para no quedarse fuera y como padres, estamos obligados a participar en su adopción y acompañarles en el proceso.

 

En la imagen, junto a Eduardo Castillo (Capital Radio) y Cesar García (Onretrieval)

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