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El pasado jueves regresé a mi colaboración mensual en el programa #Afterwork de Eduardo Castillo en Capital Radio después de unos meses de ausencia. Retomamos la sección hablando de economía colaborativa y en especial del alquiler vacacional, tipo Airbnb o similar.

Se define “economía colaborativa” como el intercambio de bienes o servicios entre dos sujetos a través de medios digitales. Más allá de su definición formal, a la economía colaborativa se le ha asociado un enfoque relacionado con el beneficio mutuo, el aprovechamiento de activos infrautilizados, la solidaridad o las políticas de reducción de costes medioambientales. Y así fue en su inicio. El cambio de enfoque hacia el puro capitalismo ha llegado cuando los grandes casos de éxito de la economía colaborativa llegan de la mano de corporaciones como Uber, Ebay, Cabify o el propio Airbnb.

Cuando un jubilado alquila una habitación sobrante a un universitario que viene a hacer un curso de un mes a la ciudad, se puede considerar economía colaborativa. Cuando una empresa inmobiliaria explota 500 apartamentos en una ciudad como Madrid o Barcelona a través de Airbnb, no se puede decir que tenga nada de “colaborativo”. Y en el momento en el que hay una explotación masiva, se hace necesaria una cierta regulación. Esto no quiere decir que haya que prohibir este tipo de plataformas, como pretenden algunos colectivos (el lobby hotelero o el sector del taxi más duro, etc). Lo que está claro es que internet permite modelos de negocio que hace años eran impensables, de la misma manera que también es impensable prohibirlos en la actualidad.

El Ayuntamiento de Madrid acaba de aprobar una restrictiva normativa para las VUT (Viviendas de Uso Turístico) dentro de su Plan Especial de Usos del Hospedaje. Esta normativa permite la explotación de un activo sin licencia hasta 90 días al año, ya que lo considera economía colaborativa y tiene toda la lógica del mundo, como decía antes. A partir de ahí, se hace necesario obtener una licencia que será más o menos restrictiva en función del lugar de la ciudad en la que se ubique el inmueble. Se establecen una serie de anillos con medidas especiales en la zona centro. La idea es distribuir el turismo por toda la ciudad y que no se siga acumulando en la almendra central. Además, obliga a las viviendas para su explotación intensiva a tener un acceso independiente del resto de vecinos (los huéspedes no pueden utilizar las zonas comunes, el ascensor, las escaleras, etc), lo cual supone una prohibición de facto a la práctica totalidad de edificios de la zona centro.

Volviendo al caso de Airbnb explotado por particulares, siempre he sido cauto a la hora de valorar sus ventajas. Todos hemos escuchado los tradicionales comentarios de amigos sobre los grandes beneficios potenciales que ofrece Airbnb. Cuando una vivienda puede generar 800€/mensuales en un alquiler de largo plazo, a través de Airbnb se pueden generar 100€ o más por día. Pero no todo son ventajas ya que hay mucho coste oculto en este tipo de explotación vacacional. Ya escribí sobre las desventajas de Airbnb para particulares hace unos meses y lo repasamos brevemente en el programa.

Pero no todo es negativo en el alquiler vacacional por particulares. Creo que puede ser una buena opción para una persona que no tiene otro empleo y tiene alguna propiedad. A falta de otra vía de ingresos, esta puede ser muy interesante. También me parece muy buena opción para los que tienen muchas propiedades (al menos 8 o 10), ya que por economía de escala les merecerá la pena contratar a alguna persona que se encargue de la limpieza y la gestión y seguirán teniendo un buen ratio de beneficio.

Como siempre, el programa completo estará disponible durante unos días aquí.

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